IntroducciónLa mayor parte de la luz que alcanza nuestros ojos no proviene directamente de su fuente, sino que ha sido dispersada; por ejemplo, cuando miramos a las nubes o al cielo, lo que vemos es luz solar difusa y dispersada. El mar o la tierra son visibles gracias a la luz que dispersan. En la atmósfera se pueden observar ejemplos muy coloristas, fruto de la dispersión producida por las moléculas, los aerosoles y las nubes que contienen gotas de agua o cristales de hielo. El color azul del cielo y el blanco de las nubes, la existencia del arco iris y los halos son fenómenos ópticos producidos por la dispersión. La dispersión es un proceso físico fundamental asociado a la luz y a su interacción con la materia, ocurriendo a todas las longitudes de onda.Este capítulo trata sobre los procesos por los cuales la radiación es dispersada por aerosoles menores o mayores que la longitud de onda de la radiación. Este capítulo aporta la base necesaria para el cálculo de transferencia radiativa usando parámetros realistas. Es importante estudiar estos fenómenos para así poder entender las técnicas usadas en teledetección, debido a que muchas de ellas deben corregir el efecto de la atmósfera para poder extraer información específica.
Los aerosoles están presentes en toda la atmósfera, pero sólo se pueden observar en contadas ocasiones. El polvo no siempre es tan visible como en la imagen anterior, donde se han elevado desde el suelo grandes cantidades de polvo. Las gotas que forman las nubes son también aerosoles gigantes. La mayor parte de los aerosoles son invisibles al ojo humano, incluso con aire muy claro. Todos los aerosoles dispersan y absorben la luz (radiación) que incide sobre ellos; incluso una pequeña tormenta de polvo o ciertas nubes convectivas de gran desarrollo pueden ser la causa de que llegue menos luz al suelo. |
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